El policía Lucas Gómez, de la División Especial de Tránsito de la Ciudad de Buenos Aires, mató a balazos a Juan Cruz Leal, un joven de 20 años, en Ituzaingó, al confundirlo con un motochorro que lo perseguía para robarle mientras circulaba en moto con su esposa.
Gómez, de civil y con su arma reglamentaria, disparó dos veces certeras: una impactó en la ingle de Juan Cruz, cortándole la arteria femoral, y la otra hirió en el tórax a su amigo Daniel, quien sobrevivió y declarará como testigo. Los jóvenes volvían de jugar fútbol con botines y una botella de agua; no portaban armas ni tenían intenciones delictivas.
Un video grabado por el vecino Kevin y testimonios de Juan Carlos registran la escena: el policía, alterado y en cuero, gritaba buscando armas inexistentes, mientras los heridos suplicaban "no somos chorros, venimos de jugar a la pelota" y "no me quiero morir". La esposa de Gómez se desmayó y vecinos llamaron a la ambulancia.
El reportero Cristian García desde el lugar detalló el homicidio agravado imputado a Gómez, quien frenó bruscamente convencido de ser seguido. Vecinos describieron al oficial desorbitado, pidiendo torniquete y agua, pero sin llamar él mismo a emergencias. El teléfono de Juan Cruz mostraba su foto con su novia.
Un amigo de la víctima lo recordó como "re bueno, un amor de persona", opuesto a los motochorros que tanto repudiaba. El caso, otro de gatillo fácil, genera reflexión sobre la responsabilidad policial con armas y riesgos de su flexibilización.