El Papa Francisco expresó su profunda preocupación por los conflictos en Medio Oriente, describiendo la región como un polvorín con episodios de violencia en Gaza, Irán y Líbano, donde Israel enfrenta a milicias islamistas.
El pontífice elevó una oración para que cesen las bombas y se abra el diálogo, destacando el temor a que el conflicto se prolongue y debilite aún más la posición de los cristianos en la zona, muchos de los cuales huyen.
En Jerusalén, el patriarca latino promueve peregrinaciones para sostener económicamente a las familias cristianas que dependen del turismo religioso, experimentando el abrazo de la Iglesia universal pese a la inestabilidad.
El clima irrespirable tras décadas de violencia asfixia a esta minoría, según el informe.