Los panelistas de Indignados defendieron que la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní no es un capricho ingenuo de Donald Trump o Benjamin Netanyahu, sino una estrategia regional calculada con el respaldo de países árabes como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que temen el poder nuclear de Teherán y aportan apoyo económico.
Destacaron que Irán, pese a no poseer aún ojivas nucleares confirmadas, ha declarado durante 45 años su intención de desarrollarlas para eliminar a Israel del mapa, prohibiendo inspecciones de Rafael Grossi y la Agencia Internacional de Energía Atómica, mientras enriquece uranio al 60%. Contrastaron con potencias como Israel (90 ojivas), Rusia (2.600) y Estados Unidos, que no proclaman intenciones genocidas.
Explicaron el dilema de Trump ante amenazas terroristas derivadas del conflicto, como las contra los Oscars en Los Ángeles con mil efectivos, SWAT y antidrones, y el futuro Mundial de fútbol en Estados Unidos, que requeriría medidas exponenciales. Irán usa ataques a refinerías en Dubái, Qatar y Arabia Saudita para elevar el petróleo a 200 dólares y presionar vía inestabilidad en el Golfo.
Debate tenso sobre si EE.UU. puede incautar los 450 kilos de uranio enriquecido iraní, propuesto en Ginebra por Trump vía Witkoff y Kastner hace dos semanas, o si debe destruirse para evitar riesgos. Cuestionaron ingenuidad de suponer victoria rápida como en Venezuela, priorizando debilitar capacidad nuclear y misilística iraní como objetivo real.
Gaby, desde Israel, pincha el globo al plantear realismo: el régimen de 45 años no cae en días, pero la inteligencia EE.UU.-Israel localizó al Ayatolá Jamenei para eliminarlo, demostrando superioridad sobre Irán.