El Negro Álvarez relató sus inicios en el humor cordobés tras dejar el folclore comprometido y su explosión de popularidad en radio y discos. Explicó cómo empezó metiendo chistes en peñas para calmar al público, grabó su primer long play 'El monstruo Cholipán' que vendió bien pero mejoró separando tracks como canciones, lo que lo hizo reventar en ventas y difusión radial. Siempre grababa con público invitado por radios, dándoles ferné y gaseosa para que se rieran.
Contó rutinas para romper el hielo como presentarse como 'Negro Álvarez Sarsifian Corporation' inscrito con número menos diez, y chistes sobre pobreza cordobesa como la vieja que dice 'estamos tan pobres que no tenemos ni intemperie'. Habló de humoristas involuntarios callejeros como La Vizcacha Gardachín y anécdotas como la del Sapo Katiba durmiendo en peña, confundido con cacique araucano, o el control policial a las 4 de la mañana donde los tildaron de terroristas ebrios.
Parodiando a Javier Milei, defendió Vaca Muerta y exportaciones como salida económica frente a críticas pasadas por su 'overhaul de YPF'. Recordó 'Hora Clavo' en ATC con la cumbia 'Rosita, la Tumbadora', su rol en telenovela con Moria Casán donde le dio un beso, papeles en cine como en la película de Lázaro con Mariano Cohn y Connie Hopper, y shows en Australia, Uruguay, Miami y Nueva York, donde triunfó ante público colombiano que lo conocía por su ex.
El humorista enfatizó cómo el destino y Dios lo guiaron desde Catamarca a Buenos Aires en viajes locos con Roberto Pérez, y su salto de folclore prohibido en dictadura a ser el segundo cordobés más gracioso después de Mua.