En el Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca, técnicos preparan fósiles de cocodrilos extraídos en bloques de yeso del campo, un proceso que dura de cinco días a dos meses según la fragilidad del material. Remueven roca y sedimento con cuidado para exponer huesos como posibles fémures y osteodermos, placas dérmicas exclusivas de cocodrilos, listos para estudio paleontológico.
El equipo publica los hallazgos para contribuir al conocimiento global de la evolución animal, integrando descripciones en el acervo científico internacional. La fundación interdisciplinaria avanza en líneas de investigación destacadas como invertebrados y vertebrados.
En el laboratorio de biodiversidad, exhiben arañas vivas de todo el mundo y escorpiones cavernícolas de la región, etiquetados para futura muestra y posible libro sobre especies patagónicas. Colaboran con la Universidad de Comahue e Instituto Lillo de Tucumán en estudios de mamíferos y reptiles actuales.
Ricardo Martínez, herpetólogo del museo, muestra serpientes patagónicas, aclarando que tres especies son venenosas y peligrosas para humanos, contrariamente al mito regional. Estudios recientes separaron proteínas de su veneno, abriendo camino a un antídoto aún inexistente.