Joaquín se identificó con el jurado Marty Day por su aparente indiferencia que esconde una pasión intensa, y aprendió a tener objetividad ante las críticas, aplicándolo incluso en su vida diaria al evaluar comidas. Ambos destacaron la presión autoimpuesta, nunca hablaron del premio y enfatizaron que la competencia es una lucha interna, con amistades sólidas formadas como con Gianni, Sofía, Eva, Miguel y Andy.
Como platos favoritos, Joaquín eligió la torta Matilda y Chino Leuny la impresionante torre de casi 80 profiteroles, un desafío que parecía imposible hace meses y que todos completaron por primera vez, dejando orgullosos a los participantes. El jurado se sorprendió por el nivel general. Además, revelaron su dinámica de pareja con Facu, alentada por Wanda para casarse, dividiendo tareas en cocina mientras disfrutan procesos más lentos aprendidos en el programa.
La experiencia les enseñó humildad, práctica en técnicas como potencia de fuego y límites de sabores, fomentando un enfoque en el aprendizaje y las conexiones humanas más allá del resultado final.