Irán cuenta con cerca de 6.000 minas navales, algunas importadas y otras locales, capaces de interrumpir la navegación en el Golfo Pérsico y causar daños a buques militares y comerciales, según informes militares estadounidenses citados por Reuters.
Entre los tipos figuran la EM-52 china de fondo marino que dispara cohetes, la Maham-2 iraní con sensores acústicos lanzada desde helicópteros, la M-08 soviética flotante y la M-D-M-6 que detecta campos magnéticos. Irán despliega estas minas con submarinos, lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria, aviones, helicópteros y hasta pescadores camuflados, lo que complica su vigilancia.
El Golfo ya vio incidentes: en la Guerra de los Petroleros de los 80, el petrolero Bridgestone chocó con una mina en 1987 pese a escolta de EE.UU., y en 1988 la fragata Samuel D. Roberts sufrió daños graves por una mina iraní, lo que llevó a la operación Mantis Religiosa contra fuerzas iraníes.
En el Estrecho de Hormuz, un paso vital para la economía mundial, pocas minas bastan para generar alto riesgo, en el marco de la confrontación entre Israel, EE.UU. e Irán.