Estados Unidos enfrenta una escalada prolongada en el Estrecho de Hormuz contra Irán, con marines terrestres movilizados y fuerte respuesta iraní a bases en Tel Aviv, Haifa y Golfo Pérsico, según analiza el experto Gonzalo Fiore en conexión con el programa. El conflicto, inicialmente corto, perjudica políticamente a Trump ante las midterms de noviembre, con derrotas republicanas y objetivos ambiciosos como cambio de régimen sin cumplirse, pese a la muerte del Ayatolá.
China y Rusia evitan involucrarse directamente por tradición diplomática, ofreciendo mediación para desescalar, aunque Rusia podría beneficiarse de precios del petróleo y China rechaza la desestabilización. No hay señales de desescalada a corto plazo, con EE.UU. e Irán intensificando bombardeos.
Líderes europeos como Giorgia Meloni declaran no involucrarse, Pedro Sánchez es tildado enemigo por Trump, y Keir Starmer mantiene ambigüedad pese a alianza histórica. Europa busca retomar protagonismo e independencia frente al segundo mandato de Trump, que ignora a la OTAN y Europa en Ucrania.
La guerra preludia una reconfiguración multipolar del orden internacional en crisis, con polos como Rusia, China, India y Brasil, donde el derecho internacional pierde fuerza, según Lula. En Dubái, ocaso como centro financiero por amenazas iraníes: evacuaciones de estadounidenses, multinacionales al teletrabajo, pérdidas de 600 millones de dólares diarios en turismo y economía del Golfo.