Miguel Díaz-Canel admitió negociaciones con Estados Unidos, algo que negaba pese a evidencias como la entrada del FBI a Cuba para investigar un incidente con una lancha el 25 de febrero. La activista cubana Micaela Gómez, politóloga argentina involucrada en la causa hace 20 años, ve esto como señal de que el régimen está al borde del colapso.
La crisis se agrava por la falta de combustible desde enero, cancelación de vuelos internacionales y aislamiento total, impactado por la crisis petrolera regional con Irán y Venezuela. Micaela predice una salida ordenada más fácil que en Venezuela, con Díaz-Canel como posible entregador ya que es un muñeco controlado por la familia Castro, específicamente Alejandro Castro, hijo de Raúl, conocido como el "cangrejo".
Fuentes cercanas indican que el cambio de régimen en Cuba ocurrirá antes de las elecciones de noviembre en EE.UU., posiblemente en Semana Santa, como trofeo para Donald Trump. Marco Rubio, secretario de Estado cubanoamericano, y empresarios como Jorge Mas Santos, dueño del Inter Miami y anticastrista, impulsan el plan junto a gestos constantes de Trump en redes.
El panel anticipa amnistía general para transitar sin cambiar a la gente, enfocándose en negocios con EE.UU., evitando que el régimen gane tiempo como en negociaciones pasadas con el Vaticano. Cuba carece de fuerza militar para resistir, permitiendo una transición a la oposición exiliada en Miami.