La Casa Histórica de la Independencia en Tucumán, sede del Congreso Constituyente de 1816, luce hoy renovada con paredes blancas inmaculadas, hierros negros intactos y puertas de madera lustradas, pese al deterioro causado por el clima húmedo y lluvioso de la provincia que corroe las construcciones.
Originalmente alquilada por la familia Bazán Laguna a 25 pesos mensuales, la casa colonial tenía tres pabellones con patios, galerías, huerta y construcciones de tierra apisonada y adobe, requiriendo constante mantenimiento. Solo el Salón de la Jura sobrevivió a la demolición de 1874 por el Estado Nacional, preservando su sencillez con baldosas rojas, paredes encaladas y la mesa facilitada por la familia Araos.
Reformas posteriores incluyeron un templete con altorrelieves de Lola Mora representando la Revolución de Mayo de 1810 y la Declaración de Independencia de 1816, fundidos en bronce en Roma. Las placas conmemorativas de diversas instituciones se exhiben en una galería, honrando el acto independentista en un museo que conserva la memoria heroica.
La narración destaca la volumetría realista de las esculturas, con gauchos, comerciantes y el presidente Julio Argentino Roca incluido anacrónicamente entre los diputados, inauguradas en 1904 como motivos para admirar este recinto sagrado de la historia argentina.