El bloqueo petrolero impulsado por Donald Trump ha sumido a Cuba en su peor crisis en 67 años, con apagones constantes, gasolineras cerradas, transporte paralizado, hospitales sin funcionar y basura acumulada en calles fantasmas similares a la pandemia.
La isla produce niveles industriales más bajos en cuatro décadas, la construcción de viviendas está parada, el sector energético colapsó por obsolescencia y falta de combustible, mientras el turismo, principal fuente de divisas, cayó de 4 millones a 1,8 millones de visitantes. Expertos destacan que Venezuela ya no envía ni la mitad del petróleo requerido y aliados como Rusia o China no rescatan al régimen.
El gobierno cubano prioriza gasolina para patrullas policiales que reprimen descontento social, influencers y activistas, en lugar de ambulancias o transporte civil, ante un empobrecimiento del 83% de la población y medidas de emergencia como semanas laborales de cuatro días y cierre de escuelas.
Sin válvula de escape migratoria por la política antiinmigratoria de Trump, y con optimismo creciente en el Departamento de Estado liderado por Marco Rubio, analistas ven cerca el fin del castrismo, preguntando si resistirá el régimen o estallará socialmente.