Evacuados en La Madrid, Tucumán, duermen en carpas al costado de la ruta 157 tras inundación histórica que arrasó sus casas en minutos, con donaciones mojadas por falta de organización y ausencia estatal. Miles de familias perdieron todo desde las seis de la mañana, refugiándose en banquinas sin poder volver por el barro acumulado, mosquitos, víboras y alimañas que proliferan ahora.
Vecinos como Pedro explican que el terraplén elevado de la ruta 157 creó un dique artificial, convirtiendo el pueblo en un pozo donde el agua no drena, agravado por la explotación minera en el farallón negro de Catamarca que removió cerros de retención natural. Un ingeniero geólogo había advertido años atrás de esta tragedia anunciada, ignorada por gobiernos de turno que hicieron la vista gorda.
El río Marapa, ahora con barrancas de solo 45 centímetros por sedimentos previos, se desborda fácilmente, mientras la zona productora de caña de azúcar enfrenta pérdidas millonarias porque el exceso de agua amarga la cosecha y reduce su valor comercial. Reporteros en vivo muestran calles intransitables a una cuadra de la ruta, perros abandonados y falta total de repelentes contra el dengue en la capital nacional del dengue.
Familias como los Castro esperan limpiar casas precarias de ladrillos de barro que han sufrido cinco inundaciones, sostenidas por la solidaridad vecinal con comida y meriendas, pero denuncian desprecio gubernamental: ni gobernador ni intendente aparecen, y cero ayuda oficial como repelentes o camiones de donaciones organizadas.
Conductores del programa claman por soluciones definitivas y alertan que la megaminería promovida por este gobierno multiplicará estos desastres en otros lugares, con 45.000 personas inscriptas en audiencias por la ley de glaciares.