Un sismo de magnitud 6.3 con profundidad de solo 27 kilómetros sacudió Chile, percibiéndose con intensidad en Santiago y edificios altos.
Imágenes mostraron objetos moviéndose en pisos elevados, pero la baja profundidad aumentó la sensación sin causar daños mayores ni activar alerta de tsunami por prevención.
Expertos explicaron que una profundidad menor a 10 km habría generado consecuencias peores, pero por suerte se descartó cualquier riesgo adicional.