El pastor advierte que las puertas abiertas por pecados pasados permiten que el mal entre y robe las bendiciones, incluso si ocurrieron hace años como 15 o 20.
Explica que el tiempo no resuelve las cuestiones espirituales y que la única forma de cerrar esas puertas es mediante arrepentimiento genuino, confesión y abandono total del pecado.
Insiste en que sin cerrar esas brechas, el diablo sigue entrando y saliendo libremente, impidiendo la presencia de Dios en la vida del creyente.