Mirta, una mujer de Quilmes, ruega reencontrarse con su hija Lorena y sus tres nietas, a quienes no ve hace 14 años desde el entierro de su madre en el cementerio.
Mirta cuenta que Lorena se mudó sin avisar, cambió de teléfono y cortó todo contacto de un día para el otro, pese a que eran un motor mutuo ver a las nietas María Florencia y María Rosa. Agotó todas las vías para localizarla, pero vecinos y otros hijos no ayudan para evitarle sufrimiento.
Con lágrimas, Mirta, que está perdiendo la visión, declara amar a Lorena y sus "princesitas", necesita llenar el vacío en su vida y cree que Lorena, de noble corazón, responderá al llamado del programa. Su marido Raúl, a quien las nietas llamaban "abuelo", respalda el pedido.
Revela conflictos familiares con otros dos hijos por la herencia de la casa de sus padres: uno fue desalojado por la justicia por reacciones violentas, aunque nunca la agredió físicamente. Mirta quedó viuda joven con cuatro hijos tras la muerte de uno y se casó después con Raúl en Galicia.