Miles de trabajadores belgas marcharon por las calles de Bruselas en una movilización nacional contra las reformas laborales del gobierno federal, que afectan pensiones, salarios, desempleo y gasto público, calificadas por los manifestantes como un "desierto social".
La protesta siguió a tres días de huelga en sectores ferroviario y marítimo, con alteraciones en el transporte público y suspensión de vuelos de salida desde aeropuertos. Los sindicatos culminaron las acciones con una manifestación en la capital, donde los servicios operaban bajo mínimos.
Los organizadores estimaron 100.000 asistentes, mientras la policía rebajó la cifra a 80.000. El rechazo se centró en la reforma de pensiones de la coalición liderada por el nacionalismo flamenco, que reduce un 2% la prestación por cada año de jubilación anticipada para retrasar la salida laboral.
También criticaron la congelación salarial, el fin del paro indefinido limitado ahora a dos años, mayor control sobre desempleados y bajas médicas, en un plan de recortes por 9.200 millones de euros hasta 2029 tras la formación del gobierno en febrero de 2025.