Las bombas de racimo iraníes dejan proyectiles sin detonar que actúan como minas y causan daños indiscriminados, explicaron expertos en el programa, ya que entre el 30 y 40% no explotan al impacto y detonan al toque de niños o vehículos.
Cada proyectil pirofórico se fragmenta en más de 300 pedazos que queman a 3.000 grados, perforan metales y cubren un radio equivalente a varios estadios de fútbol, imposible de derribar por su trayectoria errática.
Irán emplea drones low cost como los Yaget, fabricados con materiales simples como fibra de carbono y motores básicos, capaces de recorrer 2.000 km con 50 kg de explosivo y usados en enjambres para saturar defensas. Estados Unidos e Israel aplicaron ingeniería inversa con Starlink, IA y chips autónomos para contrarrestarlos, cifrando el método iraní y atacando con drones similares de bajo costo.
Donald Trump moviliza tropas y dos portaaviones estadounidenses hacia Medio Oriente para una posible incursión terrestre, mientras el Pentágono anuncia la destrucción del 93% de las capacidades de Irán, incluyendo fuerza aérea y producción de armamento.
Pete Hegseth, secretario de Defensa, criticó al líder iraní por un comunicado escrito sin voz ni video, sugiriendo heridas graves, y expertos debaten el resto de arsenal de Irán, sus proxies como Hezbollah y Hamas, pese a la superioridad aérea y electrónica de EE.UU. e Israel.