Romina contó que usó el aceite de la luz por su hermana, quien perdía embarazos repetidamente: quedó embarazada cinco veces pero siempre los perdió, cargando tristeza y frustración pese a los esfuerzos familiares por contenerla.
En las reuniones de la Iglesia Universal hablaron del aceite como punto de contacto para manifestar fe, así Romina ungió la panza de su hermana, oraron juntas y la llevaron a más reuniones a pesar de complicaciones por una operación previa y baja estatura.
Tras la segunda unción, la hermana confirmó embarazo con test, persistieron con fe y aceite, y finalmente tuvo a su bebé sana, rodeada de amor, logrando constituir la familia anhelada.