Irán mantiene el bloqueo selectivo del Estrecho de Hormuz, permitiendo solo el paso de barcos con destino a China, su socio estratégico, mientras hunde embarcaciones petroleras con drones acuáticos. Anoche destruyeron seis barcos frente a la costa de Irak, disparando nuevamente los precios del petróleo. El nuevo líder iraní, Moctavá Jamenei, exige que los países expulsen las embajadas de Estados Unidos e Israel para destrabar el paso.
La crisis genera una hecatombe global: escasez de fertilizantes como la urea afecta la producción alimentaria mundial, el hub de Dubai paraliza la distribución de medicamentos e incluso el 60% de vacunas de India no llegan por falta de combustible y puertos cerrados. Además, se complica la fabricación de metales, químicos, chips para celulares y computadoras, y plásticos para envases.
Países como India suspenden cremaciones para ahorrar gas y piden comida fría en restaurantes, mientras Europa, China, Japón y Corea del Sur enfrentan graves dependencias del petróleo del Estrecho (18%, 50%, 72% y 5% respectivamente), con retornos al teletrabajo y cierre de escuelas como en la pandemia de COVID. Estados Unidos queda menos afectado con solo 2% de dependencia.
En Argentina, el impacto es menor gracias al control de YPF sobre precios de nafta, la postergación de la privatización de Narsa para importar GNL y el gasoducto Néstor Kirchner que reduce importaciones en invierno. La urea podría afectar la cosecha gruesa, pero recién en mayo-junio.
El último ataque iraní fue contra un carguero tailandés, donde tres tripulantes murieron, visto desde botes salvavidas, sumándose a más víctimas en la zona.