Gastón Marote, pareja de una mujer, intervino en una salvaje pelea a la salida de un boliche para defender a la hija de ella y terminó asesinado. Víctimas mostraron convulsiones tras patadas en la cabeza, similar a casos previos.
El panel lamentó que el caso Fernando Báez Sosa no haya cambiado la realidad: las peleas y patadas letales continúan sin impacto judicial significativo. Preguntaron si los jueces aplicarán perpetua o recaerán en "homicidio en riña" con máximo 6 años.
Desde el caso Báez Sosa, solo los rugbiers recibieron perpetua; otros homicidios post-boliche siguen con penas leves. Exigieron que la Justicia use ese precedente como ejemplo para las familias afectadas.