En Gran Hermano, los participantes optaron por una sorpresa en el kiosco pese a necesitar comida como paltas, café y té, en lugar de priorizar alimentos ante la ansiedad del encierro.
La sorpresa resultó ser un accesorio dorado que decepcionó, especialmente a Eduardo, quien se replanteó su elección al ver que no era comida esencial.
Panelistas comentan la euforia inicial y la desilusión, destacando que en la casa siempre se recomienda elegir comida sobre sorpresas.