Gran Hermano expulsó a la participante Carmiña por emitir comentarios racistas en la casa, un tema delicado que activó alertas internacionales del formato. El panel de debate analizó la gravedad de las declaraciones, donde animalizó, hipersexualizó y racializó a otros participantes, evocando prejuicios coloniales y esclavitud, quitándoles la condición humana.
Los conductores y panelistas destacaron que no se trató de un chiste de mal gusto, ya que Carmiña continuó con frases denigrantes incluso después de decir "corten esto", afectando a personas como Brian delante de testigos como una participante trans y un mecánico. Recordaron casos similares en ediciones de España, Australia y Gran Bretaña, como la expulsión de Mickey Ruck, enfatizando la necesidad de marcar límites contra el racismo.
Aunque algunos minimizaron el incidente, el consenso fue que Carmiña no mostró verdadero mea culpa y que el programa actuó conforme a reglas estrictas del BIC, empresa dueña del formato. El conductor conectó con la casa para confrontar a los participantes, recordándoles que Gran Hermano es un juego de estrategia y convivencia, no un espacio para educar o dar mensajes morales.
Explicó que todos saben dónde se metieron como adultos, con estrategias libres dentro de límites normales, pero temas como el racismo saltan alarmas globales que obligan a evaluar y decidir expulsiones, aunque duela perder a una protagonista como Carmiña. Los hermanos repudieron el hecho y sintieron protección del programa, mientras el debate subrayó cómo estos prejuicios sistémicos emergen en la convivencia.