Fundación Espartanos, dirigida por Loli, transforma vidas de internos en cárceles argentinas y seis países mediante rugby, espiritualidad, educación e inserción laboral, logrando reducir la reincidencia por debajo del 5% gracias a un acompañamiento integral que continúa tras la libertad.
En una historia conmovedora, Zaira, una espartana, se reencontró con su padre después de casi 10 años sin verse durante un torneo intercarcelario en La Plata en diciembre pasado. Su padre, dolido por el delito que cometió, asistió al partido y ambos se abrazaron en un emotivo momento, reflejando la transformación de Zaira a través del programa.
Loli, trabajadora social que asumió la dirección hace años, destaca el compromiso semanal de voluntarios y el equipo interdisciplinario de 15 profesionales y 150 voluntarios en la cárcel de San Martín, donde atienden a 500 personas. Comparten casos como el de una exinterna que consiguió trabajo, departamento y heladera, o el de Marcelo, hijo 17 de una familia de presos, quien aprende a confiar en sí mismo.
El proyecto nació de casualidad cuando Coco Derigorio, fundador y exabogado penalista, visitó la cárcel de San Martín y vio la desolación, decidiendo usar el rugby para canalizar bronca y enseñar valores. Hoy se replica en Chile, Uruguay, Perú, El Salvador y España, con énfasis en habilidades blandas y avales para empleadores que superan los antecedentes penales.
Los espartanos recuperan dignidad: al llegar evitan la mirada, pero en la cancha saludan con confianza y miran a los ojos, integrados en un equipo que les da esperanza y nuevas oportunidades.