Los robots humanoides ya dominan la motricidad fina y realizan la pinza sin problemas, superando desafíos que hasta los niños pequeños tardan en aprender con el dedo índice y pulgar.
El pulgar resulta el dedo más valioso de la mano porque es esencial para la pinza, permitiendo tareas precisas que otros dedos no pueden compensar si falta.
En el pasado, robots en fábricas de huevos rompían los productos por falta de sensibilidad, pero los nuevos modelos aplican la presión perfecta, como se ve en pruebas con pelotas y obstáculos.