El Ministerio Público Fiscal de Brasil investiga el cuarto blanco de Gran Hermano Brasil por métodos de tortura similares a los de la dictadura entre 1964 y 1985, con luces perpetuas, ruidos insoportables 24 horas como chirridos de pizarra, llantos de bebé y falta de sueño, además de comida escasa como galletas y agua.
Diez participantes vestidos de blanco duermen en el suelo en una habitación acolchada sin muebles ni noción de tiempo, soportan presiones psicológicas, enfrentamientos y abandonos; dos ya pulsaron el botón rojo para salir, y solo los dos que aguanten más entrarán a la casa real con comodidades.
Una participante sufrió desmayos, trastornos y episodios compulsivos; el panel denuncia que romper el ritmo circadiano causa brotes mentales y pánicos, excediendo lo jugable, con intervención de justicia y derechos humanos, mientras el ganador se lleva un millón de dólares.
Enlazan con los 25 años del formato, recordando abusos como violación en GH España donde la víctima tardó en lograr justicia sin consentimiento reconocida, cuestionando límites éticos del reality que lucra con sufrimiento.