Las autoridades húngaras incautaron 40 millones de dólares, 35 millones de euros en efectivo y 9 lingotes de oro de un banco público ucraniano durante un transporte retenido el 5 de marzo, agravando tensiones entre ambos países en plena guerra de Ucrania con Rusia.
El primer ministro Víctor Orbán, descrito como ultranacionalista, firmó un decreto que declara los bienes incautados hasta finalizar investigaciones por seguridad nacional, cuestionando el uso del transporte en Hungría y su cumplimiento de prácticas internacionales.
Ucrania calificó la acción de inaceptable, convocó al embajador húngaro en Kiev para protestar y denunció la detención previa de siete ciudadanos ucranianos, que luego fueron expulsados, en medio de relaciones diplomáticas tensas.