El conflicto en Oriente Medio pone en riesgo las plantas desalinizadoras de agua, esenciales para países áridos del Golfo Pérsico. Estos países dependen en gran medida del agua del mar procesada en instalaciones vulnerables a ataques.
Procesos complejos como filtrado extremo o destilación extraen la sal del agua marina. En los últimos días hubo ataques contra estas plantas, generando preocupación por una posible escalada, especialmente si Irán busca golpear a sus vecinos en la desesperación de la guerra.
Qatar cubre el 90% de su agua mediante desalinización, seguido por Omán con 86%, Israel 75%, Arabia Saudita 70%, Baréin 60%, Emiratos Árabes 42%. Irán depende solo del 2%, pero sufre sequía severa y tiene fuentes dulces agotándose.
Destruir estas plantas en naciones pequeñas como Qatar sería devastador. La región es compleja y lo ideal es que cualquier guerra termine rápido para evitar espiralizaciones.