El coleccionista Eduardo lleva a Leiva Joyas dos piezas de su colección, incluyendo un soberano con detalles, y una pulsera regalada a los 18 años que ya no usa porque no se puede llevar puesta.
El joyero examina las piezas, destaca el valor numismático del soberano pese a algunas marquitas por contacto con la pulsera, y calcula el total en base al oro 24 kilates equivalente.
Ofrecen 2 millones 318 mil pesos por todo, pero Eduardo considera el precio bajo y decide no vender, aunque elogia la atención y planea comparar en otros comercios cercanos.
La interacción concluye amigablemente, con el joyero insistiendo en que es el valor máximo del mercado actual.