Rusia envió un avión a Beirut para rescatar a ocho comandantes iraníes vivos y cinco cuerpos de la Fuerza Quds, la rama externa de la Guardia Revolucionaria Islámica, tras un ataque preciso de Israel con un misil que ingresó por la ventana de su hotel. Vladimir Putin expresó solidaridad con Irán, mientras China advirtió a Estados Unidos contra atacar al nuevo líder supremo ayatolá.
El 97% de judíos israelíes apoya la guerra contra Irán pese a la crisis económica global, con bolsas asiáticas cayendo 6%, desplomes en Europa y Wall Street, y petróleo Brent superando los 120 dólares por barril, el precio más alto en cuatro años. Donald Trump minimizó el impacto económico afirmando que es un pequeño precio por la seguridad regional, ignorando la oposición doméstica del 70% en EE.UU. en año electoral.
Corresponsal Matías en Jerusalén y Zoe, joven argentina de 19 años en Tel Aviv, describen la vida cotidiana: Zoe pasa la mayor parte del tiempo en búnkers o sola en un hotel, conectada con su familia en Argentina, nerviosa pero manteniendo energías positivas. Marcelo Kicilevsky destaca que plazos de la guerra son inciertos, limitados por economía mundial e israelí, sin consenso en EE.UU.
Irán utiliza tanques, helicópteros y armamento inflable o de cartón para engañar radares y misiles de Israel y EE.UU., desperdicando munición enemiga en ataques fallidos. Supermercados permanecen abastecidos vía puertos operativos, aeropuerto parcialmente abierto solo para vuelos de repatriación de israelíes varados abroad y salidas limitadas a un vuelo por hora con 50 pasajeros y bolso de mano.
Rusia muestra apoyo concreto más allá de retórica, aunque desgastada por su guerra en Ucrania en su cuarto año, cuestionando su capacidad para intervenir militarmente más allá de nuclear.