El pastor enseña que el Espíritu Santo opera como viento para llenar a los creyentes como velas de una fragata. Exhorta a combatir la duda con la Palabra de Dios, sembrando fe y declarando la Escritura, citando a Santiago y Pedro en Mateo 14 donde Jesús camina sobre el agua. Critica cómo el diablo ciega ante bendiciones diarias como salud y familia, promoviendo un corazón agradecido como perfume de felicidad.
Explica manifestaciones del Espíritu Santo como aceite, paloma delicada que se posa sobre Cristo pero puede volar fácil ante problemas, y viento poderoso como en la salvación con Nicodemo o Pentecostés en Hechos 2 con estruendo y lenguas de fuego. Aclara que no se llena de viento como ventilador que solo cambia sensación térmica sin alterar temperatura.
Usa comparación del Pastor Benigín: los creyentes son velas de un velero o fragata como la de Buenos Aires; cuando sopla el viento esperado, las velas se inflan porque se llenan de él. Así, el Espíritu Santo quiere soplar sobre nosotros para impulsarnos.