Las monarquías del Golfo Pérsico rehúsan un enfrentamiento directo con Irán debido a la vulnerabilidad territorial, la capacidad militar superior de Teherán y la dependencia económica del crudo, que representa casi el 30% de la producción mundial y el 20% pasa por el Estrecho de Hormuz.
Irán cuenta con más de 500.000 reservas militares, sin incluir la Guardia Revolucionaria, lo que genera una asimetría que complicaría cualquier ataque directo y provocaría una crisis energética global.
A pesar de la diversificación económica de países como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita hacia el turismo, los recientes ataques a puertos petroleros, plantas de desalinización y aeropuertos han afectado esta nueva fuente de ingresos, pero las monarquías priorizan evitar un conflicto abierto por la falta de superioridad humana y territorial frente a Irán.
La superioridad tecnológica y aérea de las monarquías no compensa las desventajas, especialmente sin el respaldo total de Estados Unidos e Israel.