Gustavo, mago argentino radicado hace 25 años en Israel, lleva magia y sonrisas a niños, familias y ancianos en refugios y hospitales durante los 10 días de guerra. Él y otros voluntarios buscan aliviar la tensión de las alarmas y el conflicto bélico con trucos que hacen olvidar momentáneamente el horror.
Gustavo destacó la solidaridad de la gente local y de turistas varados por primera vez en una guerra, enfatizando que todos sufren: no solo niños sino adultos enteros. Con la cúpula de hierro y defensas israelíes, se siente más tranquilo que en conflictos pasados sin protección, donde "donde cae, cae".
En medio del horror de muertos y destrucción, esta historia humana busca hacer sonreír a quienes la pasan mal, arriesgando vidas en refugios para enfrentar el conflicto.