Irán posee 500 kilos de uranio enriquecido al 60%, cantidad verificada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y suficiente para fabricar varias bombas nucleares, ya que la de Hiroshima usó solo 60 kilos, explicaron expertos en el programa. Este nivel de enriquecimiento carece de justificación civil clara, pues las centrales nucleares requieren solo entre 3% y 5%, o hasta 20% en reactores avanzados.
Estados Unidos bombardeó instalaciones de enriquecimiento como Natanz el año pasado bajo órdenes de Donald Trump, destruyendo centrífugas, pero no recuperó el uranio almacenado en cilindros gaseosos. Rafael Grossi y el OIEA denuncian falta de acceso a inspectores, pese a los convenios de salvaguardia firmados por Irán. Extraer el material implica riesgos logísticos y de proliferación si cae en manos equivocadas.
Argentina enriquece uranio al 20% bajo estrictos controles del OIEA y la Comisión Nacional de Energía Atómica, informando cada paso, a diferencia de Irán. El experto comparó con Chernobyl, que no fue explosión nuclear sino de vapor, y Nagasaki de plutonio, destacando que el know-how persiste y el mercado de uranio incluye productores como Australia, Canadá y Rusia, con sospechas de mercado negro vía Venezuela.
Otras vías como plutonio de uranio 238 complican el control, pero los sistemas de salvaguardia han evitado proliferación terrorista. La bomba Tsar soviética multiplicó por miles la potencia de Hiroshima, haciendo imposible una guerra mundial nuclear. Se espera que Irán no siga el camino de Corea del Norte.