La rivalidad entre Irán, Israel y Estados Unidos pasó de operaciones encubiertas a una guerra abierta total en los últimos dos años, con ataques militares directos que rompieron décadas de confrontación indirecta. Lo que antes eran sabotajes nucleares, asesinatos selectivos y ciberataques ahora ocupa el centro del escenario geopolítico en Medio Oriente.
Israel considera a la República Islámica como amenaza existencial por su programa nuclear y apoyo a grupos como Hamás y Hezbolá, mientras Irán ve a Israel como el 'pequeño Satán' aliado del 'gran Satán' estadounidense. Esta hostilidad se remonta al derrocamiento del primer ministro Mohammad Mossadegh en 1953 por la CIA y estalló con la Revolución Islámica de 1979 liderada por el ayatolá Jomeini.
Irán extendió su influencia mediante el Eje de la Resistencia en Líbano, Gaza, Siria, Irak y Yemen, provocando la 'guerra en la sombra' israelí. Puntos de inflexión incluyeron el ataque de Hamás en octubre de 2023, el lanzamiento iraní de 300 misiles en abril de 2024 y la Guerra de los 12 Días en junio pasado, con bombardeos estadounidenses a Fordó ordenados por Donald Trump.
La ofensiva del 28 de febrero, bautizada Operación Furia Épica por Washington y León Rugiente por Tel Aviv, confirmó el fin de las inspecciones nucleares y el inicio de bombardeos formales. A pesar de un frágil cese al fuego, el OIEA alertó sobre enriquecimiento de uranio al 90% en instalaciones secretas, alimentando la escalada actual.
El mundo observa cómo la diplomacia cedió ante rivalidades ideológicas y tecnologías destructivas, con la pregunta abierta sobre el costo final de esta confrontación regional.