Gisela Singer, argentina radicada en el norte de Israel a 10 kilómetros de Líbano, relató su rutina bajo constantes alarmas de misiles y cohetes en medio de la escalada bélica con Irán y Hezbolá.
La entrevistada, que vive en Nariya desde hace cuatro años y medio, explicó que las alarmas de misiles iraníes dan 10 minutos para refugiarse, mientras que los cohetes de Hezbolá solo otorgan 15 segundos, por lo que cuenta con un cuarto de seguridad a 5 metros en su casa.
Aunque esta noche fue tranquila hasta las 9 pm, la imposibilidad de dormir por temor a alertas repentinas genera insomnio generalizado; las normas permiten salidas limitadas como compras o cafés con hasta 50 personas en lugares con refugios, pero jardines de infantes como el suyo están cerrados sin clases presenciales ni virtuales.
En su refugio familiar acumulan agua, galletitas y alimentos básicos para estancias de hasta media hora, aunque en conflictos previos las alarmas duraban horas continuas; su madre duerme permanentemente allí por miedo, mientras los niños de primaria y secundaria asisten vía Zoom.
Sergio Lapegue lamentó la normalización del terror en la vida diaria, especialmente para los chicos, y deseó un pronto fin al conflicto.