Estados Unidos bombardeó cuatro depósitos de petróleo y una refinería en la capital iraní, provocando una imagen apocalíptica con explosiones masivas que tiñeron el cielo de negro y generaron una lluvia de petróleo sobre la ciudad.
La gente grababa el desastre mientras las advertencias previas pedían evacuar Teherán, pero los ataques se centraron en infraestructura estratégica, dejando consecuencias visibles horas después con un cielo completamente oscuro.
Irán respondió con un misil en Bahrein contra instalaciones militares de Estados Unidos en Manama, reactivando la alerta en países del Golfo Pérsico que habían intentado volver a la normalidad.
Se confirmó que Mojtaba Khamenei, hijo del líder asesinado el primer día del conflicto, es el nuevo líder espiritual de Irán, pese a que Estados Unidos ratificó que no lo apoya y no tendrá futuro; seguidores del régimen festejaron en las calles de Teherán mientras otros piden libertad.