Benito Fernández, el diseñador argentino que vistió a la reina Máxima de los Países Bajos con más de 30 vestidos tras una llamada casual, denunció la competencia desleal de importaciones chinas que destruye la industria textil local.
Fernández explicó que China subsidia sus industrias para vender por debajo del costo, mientras en Argentina los impuestos del 52% y alquileres de shoppings obligan a multiplicar costos por cuatro, perjudicando a talleres y trabajadores con oficio que quedan sin empleo. Pidió al gobierno bajar impuestos, controlar fardos de ropa barata y acompañar la industria a largo plazo como hicieron España y Brasil.
Rechazó involucrarse en política por traumas familiares: su lado paterno peronista y materno enraísta se odiaban, su tío Benito Fernández fue gobernador de Chubut exiliado por militares en 1976. Vio todas las aristas del golpe y cómo se ocultaba todo en esa época, desde política hasta enfermedades y sexualidad.
Fernández reveló una depresión grave hace un año y medio por quiebras repetidas: perdió interés en hijos y nietos, se encerraba a oscuras e ingresó un mes y diez días a la clínica Abril. Celebró que hoy se hable de salud mental gracias a mujeres, citando a Tini Stoessel, Chano Charpentier y Ernestina Páez, y defendió la terapia sin tabúes.
Atribuyó avances sociales a mujeres que pusieron temas como aborto (pañuelo celeste y verde) en debate, rompiendo silencios post-pandemia y crisis económica.