Un hombre mayor ingresó a una panadería en Rafael Calzada, en Colón al 3100, un domingo a las 4 de la tarde, simulando ser un cliente tranquilo que pedía facturas o torta para la familia.
La empleada abrió la puerta sin desconfiar, ya que el anciano estaba solo, charlaban amigablemente y no tenía la cara tapada. De repente, sacó un arma, obligó a la mujer a retroceder y robó dinero de la caja junto con objetos personales de la víctima.
El delincuente escapó con un magro botín, dejando a la empleada ilesa. El robo ocurrió con la puerta cerrada, típica de un comercio que necesita atender clientes en horario vespertino.