Las alarmas antiaéreas suenan en vivo en Tel Aviv mientras Israel enfrenta una escalada en el conflicto con Irán, que amenaza con usar misiles más sofisticados y mantiene células terroristas activas en el mundo, incluyendo atentados como el de la embajada estadounidense en Oslo.
Panelistas advierten sobre el rol del nuevo ayatolá iraní, hijo de Ali Khamenei, como líder supremo con influencia militar y política más allá de Irán, respaldado por Rusia y China que exigen a Estados Unidos e Israel no atacarlo. Putin y Pekín destacan el riesgo de una guerra religiosa similar a si el Papa convocara a católicos fanáticos, en un contexto donde Europa teme repetir guerras mundiales destructivas.
Corresponsales en Israel como Anabelia Cereso y Zoe describen la vida cotidiana paralizada: familias corren a refugios ante sirenas recurrentes con avisos previos de diez minutos, búnkers en edificios y calles, supermercados abiertos 24 horas sin desabastecimiento, y una economía que resiste pese a la guerra permanente post-Gaza. Los ciudadanos mantienen rutinas como correr o comprar, con solidaridad vecinal.
El conflicto impacta globalmente: Rusia-Ucrania lleva cuatro años sin fin, promesas de Donald Trump de bajar petróleo fallaron con subidas que disparan precios de combustibles y alimentos para la gente común. Las bolsas asiáticas se desploman en otra caída estrepitosa ligada a la escalada bélica.