Donald Trump declaró al Times de Israel que la guerra terminará cuando lo decidan él y Benjamin Netanyahu. La afirmación surge en medio de una escalada donde el portavoz del Parlamento iraní rechazó cualquier cese al fuego tras la elección del nuevo Ayatolá Supremo Moxavad Kameini, y se confirman heridos en el norte de Israel por misiles lanzados desde Irán.
Nelson Castro, desde Tel Aviv, describe a Irán como absolutamente debilitado pero aún capaz de dañar civiles con unos 20 misiles, contrastando con los ataques precisos de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos como el hotel en Beirut donde murieron cinco altos funcionarios de la Guardia Revolucionaria iraní vinculados a Hezbollah y Hamas. Irán responde atacando población civil en lugar de estructuras militares.
El corresponsal destaca el impacto económico con la suba del petróleo por ataques a refinerías, incluyendo lluvia negra en Teherán por humo tóxico que obligó a las autoridades a pedir que la gente no salga. Un asesor del presidente Masut Pellezquián minimizó el daño, afirmando que perjudican al mundo entero.
En Israel, el ministro de Educación ordenó clases virtuales para todos los chicos hasta que termine la guerra, alterando la vida cotidiana de padres y niños. Castro relató sus experiencias: cuatro refugios en el día, incluyendo debajo de un puente en la carretera y el vestidor de una casa particular donde seis personas se apretujaron 25 minutos con total hospitalidad.
La percepción es de escalada sin fin claro, con retórica iraní de destrucción permanente de Israel y mensajes internos de resistencia exitosa, mientras la guerra afecta psicológica y materialmente a la población.