Argentina consume más de 7 kilos de helado por persona al año, convirtiéndolo en una devoción nacional con debates entre sabores y formatos, pero el pote de telgopor genera un grave problema ambiental porque libera microplásticos y tarda 400 a 500 años en degradarse.
Con el auge del delivery, el impacto ambiental se multiplica, pero los hábitos cambian: cada vez más personas llevan su propio tupper reutilizable a las heladerías, normalizando esta práctica consciente.
Surgen alternativas como envases biodegradables de cartulina que se degradan en meses, telgopores mejorados que duran 4 años, proyectos para convertirlos en ladrillos y marcas con potes recargables o descuentos para recipientes propios.
El informe enfatiza que disfrutar helado no implica dañar el planeta, acompañando a empresas innovadoras para convertir el pote en ícono de cambio sustentable.