El panelista sigue criticando Gran Hermano como un corral de boludos que distrae al público mientras suben los precios como la carne al doble. Describe escenas ridículas como Andrés del Boca poniendo comino en la comida para causar diarrea, y cuestiona que un país entero hable de eso en lugar de problemas reales.
Revela que él trajo Gran Hermano a Argentina junto a Meyer, Leandro Sosa, Lito Grassi y Leonardo D'Alzadeu, pero no consiguieron inversores hasta Endemol. Explica que el verdadero negocio son las llamadas telefónicas para votar, no el contenido.
Lamenta la paupérrima televisión actual con falta de ideas, programas de espectáculos, miniseries y ficción. Acusa a Gran Hermano de sacar negresados que terminan como panelistas o en Carlos Paz, y critica que la gente se entretenga con boludeces mientras la carne sube.
Analiza que esto refleja algo faltante en los argentinos, comparándolo con hipnosis política donde se puede hacer creer cualquier cosa, como que Andrea del Boca es divina. Insiste en que la televisión necesita ideas nuevas y baratas, no distraer al pueblo.