Jorge Macri extendió la prohibición total de celulares a todas las escuelas secundarias públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires, incluso en recreos, a partir de mañana, tras implementarla en primarias e iniciales desde agosto pasado. Cada colegio modificará su estatuto para aplicarla, y los docentes solo podrán usarlos en salas de profesores o baños, nunca frente a alumnos.
El gobierno justifica la medida porque el 94% de los adolescentes no puede despegarse del teléfono, lo que genera déficit de atención, baja concentración y adicción, con cinco de cada diez chicos queriendo dejarlo pero sin poder. Los estudiantes priorizan redes como Instagram y TikTok sobre el estudio, pese a tener clases de tecnología y computadoras escolares.
Durante recreos, los chicos dejan de socializar cara a cara y de hacer actividad física como jugar al fútbol, quedándose sentados en el celular. Estudios con psicólogos y psicopedagogas respaldan la decisión, y se pide colaboración a padres, que a veces dan celulares por seguridad pero terminan fomentando inseguridad por el contenido accesible.
La medida iguala a todos los alumnos, evita desigualdades y presiones de grupos de WhatsApp o redes sociales que excluyen a quienes no tienen teléfono. Panelistas aplauden la iniciativa como bárbara por combatir la adicción generalizada, aunque reconocen que adultos también la padecen, pero para ellos es herramienta laboral.