Estocolmo atrae a habitantes de todo el mundo que hablan cien lenguas distintas en sus ocho millones de suecos, con una historia que se remonta a una aldea vikinga del siglo XIII que se convirtió en la ciudad más grande de Suecia cien años después.
Los tradicionales bares y cafeterías se transforman por las noches en una movida dinámica y divertida que activa la calle peatonal conectando la parte moderna con el casco histórico, lleno de callecitas empedradas, edificios antiguos y el Palacio Real.
Las calles rebosan de músicos con variados ritmos, restaurantes que ofrecen platos tradicionales y tiendas de souvenirs abiertas hasta tarde, convirtiendo el casco en una pasarela peatonal permanente donde la gente pasea tranquila.