Los alquileres aumentaron un 61% interanual en enero, superando la inflación del 32%, con ajustes cada tres meses por IPC y renovaciones frecuentes que generan temor a desalojos entre inquilinos. Muchos destinan hasta el 50% de su sueldo al pago y algunos se endeudan para cubrirlo, mientras ven en la televisión casos de personas que terminan en la calle por no poder pagar.
El mercado para clase media baja explota porque viviendas chicas de un o dos ambientes aumentan más que las grandes debido a la alta demanda de quienes bajan de opciones mejores. Datos de la Ciudad de Buenos Aires muestran subas relativas mayores en monoambientes. La desregulación permite contratos cortos y renegociaciones constantes sin anclaje previo.
La construcción de viviendas cayó fuerte por la estampida inflacionaria y los créditos hipotecarios no sirven para nuevos edificios, sino para comprar usados, lo que permite a vendedores comprar dólares y demanda al menos 5.000 millones de dólares según Grok. La morosidad en hipotecarios es baja porque la clase media paga, pero el 97% de estos créditos los otorga el Banco Nación ya que privados no entran.
El gobierno piensa en securitizar créditos hipotecarios vendiéndolos en paquetes como en la crisis subprime de 2008, usando fondos del FAL, pero sin construcción previa genera riesgo de burbuja. Expertos llaman a la UOCRA para impulsar obra y generar empleo, mientras el Procrear disuelto deja a damnificados sin reclamo ante fideicomisos y constructoras.