Los vecinos desalojados por el derrumbe de la playa de estacionamiento subterránea en Mirabea al 3500 de Parque Patricios ingresan de a una persona por departamento durante 10 minutos, acompañados por policía y bomberos, para retirar pertenencias esenciales. El operativo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires organiza el ingreso desde los pisos altos hacia los bajos en las torres A, B, C y D, con vallas y fuerte presencia policial. Una ambulancia permanece por Andrea, una electrodependiente con cardiopatía congénita en el octavo piso, lista para cualquier emergencia.
Los testimonios revelan angustia profunda: un vecino pagó cinco años de una hipoteca a 30 años y duda en regresar por temor a no dormir tranquilo, afectado psicológicamente con despertares nocturnos por ruidos. Otros rescataron ropa y vaciaron heladeras en los 10 minutos, dejando muebles y electrodomésticos, mientras máquinas apuntalan el cráter sin certeza de retorno inmediato.
Muchos enfrentan incertidumbre hotelera hasta el miércoles, con abogados negociando extensiones y peritos privados del estudio Burlando investigando la escena alterada por remoción de escombros antes de pericias completas. Algunos vecinos pierden esperanza de volver, exigiendo garantías estructurales que nadie ofrece tras el milagro de que no haya víctimas en el área de juegos infantiles.
El Gobierno porteño ofrece apoyo psicológico, pero la situación parece a largo plazo, con familias organizándose provisionalmente en casas de parientes o departamentos prestados, mientras persisten reclamos por responsabilidades y compensaciones por cuotas pagadas.