Tel Aviv presenta un ambiente de tensa calma una semana después del comienzo de la guerra en Medio Oriente, con el cielo despejado pero sirenas que aún suenan periódicamente.
Hace siete días, la ciudad era un fantasma con alarmas constantes por bombardeos incesantes e inicios de represalias iraníes, obligando a los civiles a refugiarse en búnkers o casas, interrumpiendo la vida cotidiana de inocentes israelíes.
En contraste, Teherán muestra gente en las calles sin sistemas de alerta tan eficientes como la Cúpula de Hierro de Israel, lo que podría resultar en menos bajas civiles en Israel pese a la saturación de drones y misiles enemigos.
Un argentino se casó en un refugio antimisiles cuando las alarmas interrumpieron la ceremonia, ilustrando cómo los israelíes están parcialmente acostumbrados pero afectados por el conflicto que viola reglas contra ataques a civiles.