Las ciudades flotantes representan una solución innovadora al aumento del nivel del mar por el cambio climático, que para 2050 amenazará las zonas costeras donde habitará el 75% de la población mundial, como las Maldivas, Tuvalu, Polinesia y casos como el huracán Sandy en Nueva York.
Buckminster Fuller anticipó esta necesidad en los años 60 con Triton City, un proyecto modular autónomo para 5.000 personas con energía nuclear, solar, eólica y mareomotriz, aunque no se materializó por altos costos y falta de materiales.
Hoy, la Fundación Blue Revolution, cofundada por Ruth Gadegraf, y el arquitecto Koen Olthuis impulsan la Revolución Azul con proyectos reales: una villa flotante en Miami, viviendas para inundados en India, un teatro en Lyon y complejos asequibles en Copenhague, donde estudiantes como Urban Rigger disfrutan de vida comunitaria pese a movimientos por tormentas.
En las Maldivas, con Malé superpoblada en 2 km² para 250.000 habitantes, inicia la construcción de una ciudad flotante con plataformas interconectadas que suben con las mareas, protegen de tsunamis, usan agua fría profunda para climatización y respetan corales, ofreciendo acceso directo al mar.
Los promotores comparan su evolución con los celulares, de caros para ricos a accesibles para todos, enfatizando flexibilidad estacional, prefabricación y adaptación climática extrema.