Maestras venezolanas como Ana Milena convierten salas de sus casas en escuelas improvisadas ante las precarias condiciones del sector público, donde eliminaron el horario mosaico pero persisten deficiencias y deserción escolar.
Niños de 14 años repiten quinto grado por vergüenza y falta de clases; padres pagan un dólar mensual o con productos básicos. Jóvenes como Emanuel Carrasquel se preparan para universidad en proyectos como Zona Descarga en Petare, cubriendo materias ausentes como Química.
El déficit de profesores supera 80.000 según la Universidad Católica Andrés Bello; niños de tercero y sexto no alcanzan nivel mínimo en pruebas UNESCO de lectura y matemáticas. Maestros ganan menos de 5 dólares mensuales, llegando a 125 con bonos, frente a canasta básica de más de 500.