El hospital Ichilov de Tel Aviv opera desde un estacionamiento subterráneo de cuatro pisos, armado en menos de cinco horas ante ataques misilísticos diarios de Irán, que suman entre 10 y 12 por noche. Elisabetta Piqué reporta en vivo desde el lugar, donde atienden a 800 pacientes de todas las religiones sin distinción, incluyendo judíos, árabes y cristianos, en medio de la guerra regional iniciada hace una semana por ataques preventivos de Israel contra el líder supremo iraní Ali Khamenei.
La corresponsal describe calles desiertas en Tel Aviv, donde tomó un taxi pero debió refugiarse por una alarma antiaérea, reflejando una situación de guerra total con alertas permanentes en celulares y refugios públicos. Llegó a Israel el lunes pasado vía terrestre desde Jordania, pasando por Jerusalén.
La ciudadanía israelí muestra unidad compacta pese a cuestionamientos a Benjamin Netanyahu por corrupción y guerra previa, con aprobación máxima del primer ministro ante la amenaza iraní. Todos obedecen órdenes del Comando Central, exhibiendo resiliencia y solidaridad en los ataques.
Se destaca el agotamiento por evacuaciones repetidas, costos del Escudo de Hierro y riesgos de desintegración iraní post-régimen, comparado con caídas de Saddam Hussein o Gaddafi que generaron caos como ISIS o guerra civil siria.